“Y el niño Samuel crecía en estatura y en gracia para con el Señor y para con los hombres.”
— 1 Samuel 2:26
Y porque él crecía en la presencia de Dios y no se contaminaba aún viendo malos testimonios, cuando Dios lo llamó él tuvo la sensibilidad de escuchar Su Voz.
Así es todo aquel que dice no para el mundo, no para el pecado porque cuando crecemos en la presencia de Dios nos separamos del mundo para poder ser un verdadero siervo de Dios.















