Existía un hombre llamado Nicodemo, este era maestro de la ley, conocía las escrituras más no poseía el Espíritu de Dios en su vida. Nicodemo observó que en Jesús había algo diferente y de la misma manera el mundo debe ver esta diferencia en aquellos que son convertidos y nacieron de Dios.
El ser humano nace con una naturaleza corrupta, pecaminosa ya que procede de Adán.
Más cuando se conoce a Jesús, reconoce sus pecados, se arrepiente, abandona los pecados, se convierte a Jesús bautizándose en las aguas y allí podrá vivir en novedad de vida.
“Jesús respondió: En verdad, en verdad te digo que el que no nace de agua y del Espíritu no puede entrar en el reino de Dios.”
— Lea Juan 3:1-15
En su mayoría las personas buscan en las iglesias la sanidad, la solución a los problemas familiares, etc.
Cuando realmente la prioridad debe estar en resolver su condición espiritual.
Para recibir el Espíritu Santo hay que negar la propia voluntad, abandonar el pecado, perdonar, limpiar el corazón para nacer de nuevo.
Cuando poseemos a Dios nada es imposible porque somos llenos de Su Espíritu.
Los problemas deben ser solucionados pero la mayor prioridad es tener certeza de la salvación para poder entrar en el Reino de Dios.
¡Si usted resuelve su condición espiritual, resolverá todo!
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