¿Cómo ha sido su andar en este mundo?
Ha andado como un hijo de Dios (hijo de la Luz) o como un hijo de las tinieblas.
Nuestra manera de vivir, nuestro carácter, revela a qué reino pertenecemos.
¿Qué se puede esperar de una persona incrédula, que no se congrega, que no va a la iglesia, que vive en el pecado? Nada.
¿Y de un cristiano, un convertido, un creyente, qué se espera?
Se espera mucho.
¿Será que Jesús ha sido glorificado o avergonzado en su vida?
Dios quiere su vida, quiere que usted le pertenezca.
“SED, pues, imitadores de Dios como hijos amados: Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó á sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio á Dios en olor suave.”
— Efesios 5:1-2
El hijo amado es el que obedece. De la misma manera en que Jesús se entregó, espera que nosotros nos entreguemos.
Cuando estamos entregados y convertidos pertenecemos al Reino de la Luz, y son estos quienes siempre se disponen a servir, a hablar de Jesús, a ganar almas, también eligen las amistades que les acercan a Dios.
La indisposición para servir es un síntoma, de que espiritualmente la persona no está bien, que tiene algún problema.
Todo aquel que tiene disposición para servir no está preocupado por el lugar, él sirve porque todo lo hace para Su Señor, lo hace para Dios.
Cuando la persona encuentra verdaderamente a Jesús nunca se callará delante de un sufrido o necesitado.
Quien es del Reino de la Luz quiere despoblar el reino de las tinieblas y poblar el Reino de la Luz.
Desea que los otros tenga lo que él tiene.
” Porque en otro tiempo erais tinieblas; mas ahora sois luz en el Señor: andad como hijos de luz…”
— Efesios 5:8
Ya no somos tinieblas, somo Luz y debemos andar como tal.
Quien vea para usted tiene que ver la luz que hay en su interior. Asumir públicamente que somo hijo de la Luz.
La obediencia nos guarda, nos hace tener paz.






